El Islam y el medio ambiente
10/04/2015
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El medioambiente es todo lo que nos rodea: el agua, el aire, la tierra, la atmósfera y todos los seres que en ellos se ubican: flora, fauna y todas las formas de energía, sistemas, operaciones naturales y actividades humanas. Muchas ciencias islámicas, especialmente la teología, enseñan cómo proteger el medioambiente y cómo conservarlo. El medioambiente está considerado como una criatura de Alláh, tal como el hombre, y está llamada a adorar a Alláh quien dice: “Le glorifican los siete cielos, la tierra y sus habitantes. No hay nada que no celebre Sus alabanzas, pero no comprendéis su glorificación. Él es benigno, indulgente.” (Al-Israa: 44).
La ley islámica establece muchas normas e instrucciones y otorga al gobernador el derecho de imponer sanciones contra aquellos que dañan el medioambiente.

[title size=”h3″]El Islam ha establecido también muchos fundamentos que determinan la naturaleza y la manera de tratarla:[/title]

Fomentar la agricultura y la plantación
La higiene
La protección del entorno
La conservación de los recursos naturales
La conservación de la salud humana
El Corán ha considerado la naturaleza como su propia creación y una prueba de su unidad y su potencia, invitando al mismo tiempo al hombre a meditarla. Dice Alláh: “Y Él es Quien ha hecho bajar agua del cielo. Mediante ella hemos sacado toda clase de plantas y follaje, del que sacamos granos arracimados. Y de las vainas de la palmera, racimos de dátiles al alcance. Y huertos plantados de vides, y los olivos y los granados, parecidos y diferentes. Cuando fructifican, ¡mirad el fruto que dan y cómo madura! Ciertamente, hay en ello signos para gente que cree.” (Al-An´am: 99). En la sura de An-Nahl dice: “Alláh ha hecho bajar agua del cielo, vivificando con ella la tierra después de muerta. Ciertamente, hay en ello un signo para gente que oye. Y en los rebaños tenéis motivo de reflexión. Os damos a beber del contenido de sus vientres, entre heces y sangre: una leche pura, grata a los bebedores. De los frutos de las palmeras y de las vides obtenéis una bebida embriagadora y un bello sustento. Ciertamente, hay en ello un signo para gente que razona. Tu Señor ha inspirado a las abejas: Estableced habitación en las montañas, en los árboles y en las construcciones humanas. Comed de todos los frutos y caminad dócilmente por los caminos de vuestro Señor. De su abdomen sale un líquido de diferentes clases, que contiene un remedio para los hombres. Ciertamente, hay en ello un signo para gente que reflexiona.” (An-Nahl: 65- 69). También dice: “Ha aparecido la corrupción en la tierra y en el mar como consecuencia de las acciones de los hombres, para hacerles gustar parte de lo que han hecho. Quizás, así, se conviertan.” (Ar-Rum: 41)

Sin embargo, la relación entre el hombre y la naturaleza va más allá de lo dicho. Alláh ha nombrado al hombre su propio representante en la tierra y le ha enseñado que el universo ha sido creado según un equilibrio delicado que él debe proteger según la buena gobernanza y la buena ética. Dice Alláh: “El Compasivo ha enseñado el Corán. Ha creado al hombre, le ha enseñado a explicar. El sol y la luna, para cómputo. Las hierbas y los árboles se prosternan. Ha elevado el cielo. Ha establecido la balanza para que no faltéis al peso,” (Ar-Rahman: 1-8).
Estos versículos muestran que el Islam ha dado al hombre el derecho de aprovecharse de los recursos de la tierra según lo que conviene a sus propios intereses, pero a la par, no está excluido de rendir cuentas acerca de cómo utilizarla. Por esto, hay normas y restricciones que le impiden usarla mal, porque debe valerse de la naturaleza de la mejor manera según lo que necesita sin dañar su delicado equilibrio y sin influir negativamente ni privar las futuras generaciones de sacar provecho de ella.

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