Las bases de la solidaridad y la convivencia entre los seguidores
07/10/2016
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El sistema de solidaridad social exigido por nuestra religión no está dirigido sólo a los musulmanes del mundo sino que abarca a todos los seres humanos sin distinción de color, forma, raza, religión o credo. Antes de ser islámico es un sistema humanitario global que se amplía para incluir a otros seres humanos grandes y pequeños, ricos y los menos afortunados, creyentes y no creyentes. La relación de los musulmanes con el otro no se basa en el combate, la discordia y la guerra, tal como intentan divulgar algunos detractores; por el contrario, permite a los musulmanes y no musulmanes establecer vínculos comunes en varias áreas de acuerdo con las normas humanas comunes. Por lo que el musulmán está obligado a tratar a los demás, ante todo, como seres humanos y llevar a cabo una vida conjunta lejos de la intolerancia religiosa o étnica para así reflejar el humanismo y la tolerancia de esta religión celestial.
La ley islámica ha definido cómo tratar a la gente y llama muchas veces a hacerlo en virtud de su humanidad, independientemente de su afiliación o creencias religiosas. Allah Todopoderoso dice: “Allah no os prohibe que tratéis bien y con justicia a los que no os hayan combatido a causa de vuestra creencia ni os hayan hecho abandonar vuestros hogares.” (Al-Mumtahana: 8) Este versículo establece los pilares de la sociedad humana que aspira a lograr los intereses de la gente y alejar los perjuicios para construir una comunidad solidaria y tolerante.
El Imam Al-Quraafi dijo: «Tenemos que hablar amablemente a los demás con el fin de tratarlos con bondad y misericordia, no de miedo o humillación. Debe haber también la oportunidad de introducirlos en nuestra vecindad con amabilidad, y no con aprehensión deseándoles el camino correcto y el asesoramiento adecuado.»
El Profeta, paz sea con él, advirtió de tratar injustamente a los ‘dhimmis’ y a los ‘aliados’ y dijo que él mismo que sería testigo de estos últimos el día de la Resurrección. Dijo: «El que trata a un» aliado injustamente, le arrebata un derecho, le impone lo que no puede soportar o le roba algo, yo le seré testigo el Día del Juicio Final.» El Profeta, paz sea con él, también prohibió matar a las personas injustamente y amenazó severamente a los que lo harían: «Quien mate a un ‘aliado’ no sentirá el olor del Paraíso; este olor será de la distancia de cuarenta días de él.»
Gracias a sus principios y leyes, no hay otra civilización mejor que el Islam que sea capaz de encarnar los mejores ejemplos de progreso civil y social. Esto se encuentra en la seguridad social garantizada por nuestra religión a los no musulmanes en el caso de incapacidad y debilidad. La historia cuenta que durante el califato de Abu Bakr, Khaled Ibn al-Walid escribió en el pacto con los cristianos dhimmis de Al-Hira en Irak: «Si un hombre viejo ya no tiene la capacidad de trabajar o sufre alguna discapacidad o, siendo rico se hizo pobre y luego sus compañeros le dan limosna, estará exento de la ‘yiziah’ y será sostenida del dinero de los musulmanes así como su familia.»
Después del Profeta, paz sea con él, los califas habían traído una gran atención a la interdependencia social -especialmente en el caso de los dhimmis- con el fin de construir una sociedad común en la que todos cooperarían sobre la base de la fraternidad y la caridad. Una sociedad en la que todos los pobres, fuesen musulmanes o no musulmanes, estarían asistidos con arreglo a la Sunna del Mensajero de Allah, paz sea con él, y sus sucesores siguiendo el enfoque del Islam en la solidaridad y la asistencia.

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