La importancia del sermón del viernes
06/12/2016
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El profeta, paz sea con él, poseía un solo minbar: escaleras de madera simples sin grabados artesanales, ni esplendor de arte, ni cúpula, ni puerta. Ahí es donde hizo su «Llamada» y el mundo respondió dejando en la Tierra el mayor impacto que hubiera conocido la historia del Planeta. Hoy en día, tenemos cien mil minbares, de la extrema Indonesia a los confines de Marruecos, todos muy decoradas por el esfuerzo de los artesanos y el genio de los artistas, completado por los altavoces y conectados a las estaciones de radio para transmitir la voz a los horizontes de la tierra. Por lo tanto, las «khutbas» (sermones de los viernes) son escuchadas por millones de fieles y sin embargo, no se percibe el impacto de la reforma o del progreso. Si alguna vez se preguntara a los fieles por la razón, sin duda darían parte de la respuesta.
Entre los errores: el tiempo puesto en el sermón dura a veces más de media hora. Pero en la Sunna, la khutba debería ser dicha en un corto período de tiempo y extender el de la oración. Este periodo no debe ir más allá de la lectura de un sura llamada «media Mofassal» (las suras que van entre Al-Taariq y Al-Bayyina), es decir, no más de dos páginas. De hecho, los sermones más famosos del Profeta, paz sea con él, y los de sus compañeros no eran más de una página, y a veces incluso menos. Ojalá el Ministerio de Dotaciones o el de la Fatwa obligaran a los predicadores que sus khutbas no excedieran un cuarto de hora.
Yo predico en la mezquita de la Universidad de Damasco. Veinte o veinticinco minutos después de la llamada a la oración de Dohr, ya he terminado y la khutba y la oración. La razón es que hemos dejado de lado todas las «innovaciones» que tienen lugar justo antes de la khutba, como la lectura de la «Samadiya» y el muecín ya no lee estas oraciones. Cuando se realiza la llamada a la oración del Dohr, oramos según la sunna y justo después, el predictor monta en el minbar. Así hacían el Mensajero de Allah, paz sea con él y sus compañeros. No hay nada bueno en lo que no hizo el Mensajero de Allah, paz sea con él.
Otras deficiencias: no hay un tema en particular. El predicador trata todo a la vez y pasa de un tema a otro sin considerar adecuadamente cada uno de los fieles que le están escuchando. A la semana siguiente, hace lo mismo y entonces los sermones son idénticos, sin utilidad ni resultado práctico para el receptor. Si el predicador se limitara a un solo tema, -que esté detallado o no, largo o conciso- su sermón tendría sentido y el destinatario se habría beneficiado.
Otra imperfección: algunos predicadores tratan de reformar el mundo en una sola khutba. Así tratan a todo el mundo de la misma manera, no toman en cuenta el nivel intelectual de cada uno y no abordan la reforma paso a paso, sino que quieren que la gente sea repentinamente perfecta mientras sabemos muy bien que esto es imposible.
Otra deficiencia: algunos sermones se han convertido en «clichés», palabras que se repiten constantemente, especialmente durante la segunda khutba mientras que en la Sunna, ésta no debería ser diferente de la primera. El predicador debe comprometerse a “la oración de Abraham”, buscar la satisfacción de Allah para los compañeros y sus seguidores -citando los nombres de los primeros. Esto ya no se hace.
Una de las principales deficiencias de los sermones de hoy es que el predicador se olvida de ponerse en el lugar del Mensajero de Allah, paz sea con él, hablar en el nombre de la sharia, presentar únicamente la sentencia de Allah y no sus propias ideas. Debe exhortar a la gente a pedir la satisfacción de Allah y no la de la gente, sin halagar a nadie ni hacer de la khutba una forma de conquistar los bienes de la vida de aquí o para acercarse a alguien.

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